Itziar Mendizabal

Itziar Mendizabal | Universos minimil

Itziar Mendizabal comenzó a bailar con Elvira Ubierna en una pequeña academia de Hondarribia, su pueblo natal. Enseguida tuvo claro que quería dedicarse profesionalmente a ello y buscó la forma de hacer su sueño realidad. A los 14 años aterrizó en la escuela de Víctor Ullate en Madrid. A los 18 años entró en su compañía. En 2001, ya tenía la vista en Europa. Hoy en día, sus pliés y relevés han conquistado a personas de todo el mundo.

1. ¿Cómo diste el salto a Europa hasta convertirte en primera solista de The Royal Ballet
Con mucho trabajo (ríe). Tenía claro que quería volcarme en un ballet más clásico y descubrir nuevos coreógrafos. Primero, me llamaron de Zurich como demisolista. Allí estuve 3 años, hasta que me di cuenta de que el director no me daba el roll que yo quería. Por lo tanto, retomé las audiciones. En 2006 me llegaron dos posibles contratos: uno en Múnich y otro en Leipzig. Me decanté por ese último porque vi que el director confiaba en mi potencial. Me querían con ellos. Fue una de las mejores decisiones que he tomado en mi carrera. En pocos meses me tenían en El Lago de los Cisnes como principal y al año fui su primera bailarina. Interpreté casi todos los clásicos y amplié muchísimo mi repertorio. Estar allí me permitió dar el salto al The Royal Ballet. De hecho, fue una ensayadora de Leipzig quien pasó mi currículum a la por entonces directora del The Royal Ballet, Monica Mason. Solo tardaron una semana en llamarme para una audición privada en Londres. Después de eso, me cogieron como primera solista. Todavía hoy es el día en el que me pellizco para darme cuenta de que es real; de que bailo con los mejores del mundo. 

2. Y ¿cómo te mantienes después de tantos años a pie de cañón? 
Es necesario tener una enorme disciplina y una excelente genética. Hace dos años tuve a mi hijo Julen y me he recuperado asombrosamente rápido. Además, he tenido mucha suerte con las lesiones, apenas he tenido ninguna. La suerte juega un gran papel, aunque por encima de todo, hay que tener ilusión. Aparte, en este momento, la madurez también me ha aportado un plus. Ahora, tengo más peso en el escenario. 
The Royal Ballet tiene un amplio repertorio y eso me ha permitido adaptarme a los roles precisos en cada momento.

3. ¿Siempre has tenido claro que querías ser bailarina?
Lo supe desde pequeña. Por algún motivo a los 4 años pedí a mis padres que me apuntaran a clases. Siempre me ha fascinado el mundo artístico.

4. El ballet es muy exigente, ¿has sentido alguna vez que la presión ha podido contigo?
El agotamiento, los comentarios negativos o mis propias exigencias siempre se me han esfumado con “un buen día”. La única vez que me planteé dejarlo fue cuando me lesioné en Alemania. El médico me afirmó que la cadera no se me mejoraría y añadió que, “ya había bailado bastante”. No me rendí. Busqué una segunda opinión en la Policlínica de Donostia. Allí se dieron cuenta de que el diagnóstico que me habían hecho era erróneo. Conseguí curarme y no me ha vuelto a doler la cadera. Mi otro momento de intranquilidad lo tuve, curiosamente, hace 3 o 4 años. Fue antes de interpretar el “Pájaro de Fuego” cuando experimenté por primera vez el pánico escénico. Era una actuación muy importante. Al parecer, es algo normal sufrir este tipo de miedos tarde en la carrera. Sentía vacío, no podía comer, no tenía fuerza…
La psicóloga de la compañía y el resto del equipo médico me ayudó a salir del bucle. No fue mi mejor actuación, pero me marcó una hoja de ruta para evitar este tipo de situaciones en un futuro. 

 5. Ahora, también eres profesora de baile ¿qué has aprendido estando al otro lado?
Ser profesora es muy gratificante, aprendo mucho de mis alumnos. Además, te recuerda la importancia de volver a la base. Tanto para la técnica, como para evitar lesiones. En la rutina del espectáculo uno tiende a ignorar ciertos avisos que te da el cuerpo, impartiendo clases recuerdo la importancia de escucharlos. 

6. ¿Qué es la armonía para ti? 
En este momento, especialmente, es el equilibrio entre mi vida en los escenarios y mi vida fuera de los escenarios. La estabilidad entre la bailarina, por un lado, y la amiga, la pareja o la amatxo, por otro.
No hay que dejar que uno controle al otro.

7. ¿Qué echas de menos de tu tierra, Hondarribia?
El estar cerca de mi familia, de mis amigos o mi cuadrilla. Básicamente, el ver caras conocidas mientras paseo. También echo de menos el tiempo pausado, la sensación de seguridad, la comida y el mar.
Me gusta sentarme en el espigón para ver las olas.

8. ¿Qué prenda te hace sentir más cómoda fuera de las salas de ensayo y escenarios?
Lo que yo denomino como “jersey-vestido” o un simple jersey de lana; si es de cashmere, mejor. Me gusta la ropa cómoda. En cuanto al calzado, raramente me pongo tacones, siempre opto por la practicidad. 

9. En verano, ¿qué no puede faltar en tu armario?
Los vestidos. Para la tarde-noche siempre tengo uno largo, tampoco me falta uno clásico de tirantes y desde luego, tengo devoción por los que tienen color. Siempre los combino con sandalias; las chancletas las encuentro muy incómodas. Además, siendo bailarina no tengo los pies más bonitos (ríe), aunque tampoco están tan mal… Aún y todo, me gusta que los dedos me queden cubiertos. 

10. ¿Cuál es tu tejido preferido al tacto?
El cashmere y la seda. De hecho, casi todos los días llevo pañuelos de seda. Creo que son el complemento perfecto para dar un toque colorido a tu look.

11. ¿Qué sientes cuando baja el telón?
Se me acumulan muchas emociones.  Me alivia que todo haya salido bien y me siento agradecida de pertenecer al mundo del baile. A esa sensación de logro se le suma el cariño que me transmite el público. Es bonito sentir que despiertas emociones con tu trabajo. El aplauso es lo que me dice que he llevado al espectador de viaje conmigo. 

12. Aún queda mucho arte que puedes seguir regalándonos…
Cada vez estoy más lista para decir adiós a los escenarios, pero no va a ser mañana. 
 

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